Un carrusel de evidencias muestra los efectos letales de la privatización de sistemas sanitarios. Investigaciones en Reino Unido e Italia detectan un incremento de la mortalidad evitable ligada a la penetración de intereses privados en los sistemas públicos a costa de su calidad.
Los defensores de un mayor protagonismo del negocio privado en la
prestación del servicio alegan que esta fórmula es más eficiente y que es la
única que hace viable el sistema ante las crisis económicas y el envejecimiento
poblacional
Aaron Reeves, de la Universidad de Oxford y coautor del estudio británico,
alerta ante el debate sobre el futuro del modelo español: "La
privatización tiende a excluir a las personas con menores ingresos"
En el aclamado ensayo “Lo que el dinero no puede comprar” (2012), Michael
J. Sandel detalla toda una serie de intercambios económicos que no deberían
producirse, por más que exista una oferta y una demanda: una celda más cómoda
dentro de una prisión en California por 82 dólares/noche; un vientre de
alquiler en la India por 6.250; el número telefónico de tu médico por hasta
25.000 dólares para poder llamarlo a cualquier hora; el derecho a emitir a la
atmósfera una tonelada de dióxido de carbono por 13 euros; el permiso para
cazar un rinoceronte en riesgo de extinción por 150.000 dólares...
Son ejemplos extremos, en algún caso inverosímiles pero todos ciertos, de
mercantilización. El filósofo estadounidense los cita en una reflexión amplia
sobre "los límites morales del mercado", que es a su vez el subtítulo
del ensayo. Según Sandel, hay espacios en los que la lógica del beneficio
simplemente no debe entrar. Su aportación en este campo lleva a preguntas como
estas: ¿Cómo justificar un negocio si degrada una joya natural? ¿Cómo justificar
la prostitución, por más que haya quien la ofrece y la paga?
Los servicios públicos son un elemento central del debate sobre los límites
del mercado, un asunto crucial en Occidente al menos desde la revolución
conservadora de los 80 impulsada por Ronald Reagan en EEUU y Margaret Thatcher
en Reino Unido. La controversia está ahora abierta en canal en España. Y de
manera especialmente viva en relación con la sanidad. Grosso modo los
defensores de un mayor protagonismo del negocio privado en la prestación del
servicio alegan que esta fórmula es más eficiente y que es la única que hace
viable el sistema ante las crisis económicas y el envejecimiento poblacional.
Los detractores sostienen, por contra, que supone la depauperación de un
servicio público a beneficio de unos pocos.
La discusión suele plantearse en términos de derecha-izquierda. Pero podría
hacerse de otra manera. La privatización puede ser también cuestión de vida o
muerte.
Objetivos a corto plazo e incremento de la mortalidad en Reino Unido
La pérdida de prestigio y calidad del National Health Service (NHS),
fundado hace 75 años con el impulso del primer ministro laborista Clement
Attlee y joya de la corona británica durante décadas, ha convertido al Reino
Unido en el principal foco de investigación sobre los efectos de la rebaja de
la calidad de un sistema sanitario público en paralelo al incremento del peso
de los operadores privados en el mismo.
En 2008 The Economic Journal arrojó luz sobre los efectos de las reformas
pro-mercado con un trabajo que acredita cómo el aumento de la competencia en
torno al sistema, presentado como detonante de un circuito de eficiencia y
calidad, provocaba en realidad una concentración de los esfuerzos en éxitos
cuantificables a corto plazo, como el retroceso de las listas de espera, en
detrimento de la calidad de la atención global, lo que –según sus tres autores–
podía favorecer una mayor mortalidad.
El incremento de la mortalidad evitable a causa de las privatizaciones era
entonces una hipótesis. Hoy es una certeza. Los investigadores de la
Universidad de Oxford Aaron Reeves y Benjamin Goodair han concluido que las
externalizaciones sanitarias a empresas con fines de lucro cuestan vidas. Los
dos autores, en un trabajo publicado en The Lancet en julio de 2022, estudiaron
el impacto de privatizaciones de servicios por casi 240.000 millones de euros
en 173 áreas sanitarias de Inglaterra entre 2013 –un año después de la
aprobación de la ley que intensificó las presiones privadas sobre el NHS– y
2020.
La conclusión más llamativa es la relación establecida entre las
privatizaciones y la subida de las muertes evitables. En total, los autores
vinculan las externalizaciones con 557 fallecimientos.
Los autores reconocen que la vinculación privatización-muerte no es
directa. Hay una correlación, pero no está probada la causalidad. En cualquier
caso, sí queda acreditado un empeoramiento de la asistencia, constatada en
múltiples indicadores, y una disminución de la satisfacción del paciente.
Reeves y Goodair:
"La mercantilización de los servicios sanitarios se sustenta en la
creencia de que la apertura, la competencia y la autonomía de gestión pueden
mejorar la eficiencia y el rendimiento de los servicios financiados por el
Estado. Durante décadas, estos principios han dictado la organización del NHS.
Sin embargo, nuestros resultados sugieren que estos procesos [...] no se
asocian con mejoras en la prestación de servicios y, en cambio, se han
relacionado con un aumento de las muertes entre los pacientes".
Los dos fenómenos detectados son: 1) Una concentración del esfuerzo en
"resultados fácilmente cuantificables, como los tiempos de espera, en
detrimento de la calidad de la atención, lo que provocaría una mayor mortalidad
de los pacientes", en línea con lo detectado en el estudio de 2008 antes
citado. 2) Un acaparamiento por parte de los prestadores privados de los
servicios más rentables y los pacientes con menor riesgo, quedando los
seguimientos y tratamientos más costosos para la estructura pública, que ha
sido previamente recortada con la justificación de la externalización de
servicios.
Preguntamos a Reeves por los casos de Madrid –la región con más PIB per
cápita de España, donde hay ya un elevado grado de privatización y voluntad de
profundizar en esta línea– y Andalucía –la de menor PIB per cápita, donde hay
planes en marcha para incrementarla–. "Dependiendo de cómo se lleve a cabo
la privatización –responde–, existe el riesgo de que estas reformas perjudiquen
a la salud. La privatización tiende a excluir a las personas con menores
ingresos y peor acceso a la atención sanitaria". "Esto –dice a la
pregunta sobre Andalucía– podría ser especialmente grave en una zona muy
desigual".
Toscana contra Lombardía
En Italia también está establecida una vinculación entre privatización y aumento
de la mortalidad. Un grupo de cinco investigadores europeos y estadounidenses
publicaron en 2012 en la Journal of Epidemiology and Community Health un
estudio sobre privatización y mortalidad evitable entre 1993 y 2003. "Un
mayor porcentaje de gasto en la prestación del sector privado se asoció con
mayores tasas de mortalidad evitable", señalan los autores, que se
detienen en la comparación entre dos regiones: Toscana y Lombardía.
La primera, con menos PIB per cápita que la segunda, tenía 10 puntos menos
de mortalidad evitable. Al mismo tiempo, dedicaba menos porcentaje de su
presupuesto sanitario a provisión privada: un 35,1%, frente a un 49,1% de
Lombardía.
¿Era esa la causa de la diferencia en mortalidad? Los autores no pueden
asegurarlo, pero sí dicen que el estudio tiene "importantes
implicaciones" ante el debate sobre la convivencia de lo público y lo
privado.
La "letal" fórmula de las residencias concertadas en Madrid
"Italia –anotan los autores del estudio de 2012– es un valioso
laboratorio" para experimentar sobre los efectos de la privatización. Y
cabría añadir: la pandemia de covid-19 ha sido otro laboratorio, no por
indeseado menos valioso. No sólo en el ámbito estrictamente sanitario, también
en el de los cuidados.
Un trabajo publicado en junio del año pasado en la revista Epidemiología
pone la lupa en lo ocurrido en las residencias de mayores de la Comunidad de
Madrid en marzo y abril del año 2020, en plena primera ola, cuando murieron
cerca de uno de cada cinco residentes. Conclusión de la investigación: la
titularidad y la gestión de los centros de mayores fueron relevantes en la
mortalidad. En los centros públicos de gestión pública fallecieron el 7,4% de
los mayores, mientras en los privados con plazas públicas –concertadas– el
porcentaje ascendió al 20,6% y en los públicos de gestión privada al 21,9%.
Estos datos muestran que la colaboración público-privada fue una fórmula
"letal", en palabras de María Victoria Zunzunegui, profesora de la
Universidad de Montreal, que encabezó la investigación, realizada a partir de
los datos recabados por Manuel Rico, director de investigación de infoLibre.
El contraste de la colaboración público-privada se establece no sólo con
los centros públicos de gestión pública, también con los privados-privados, es
decir, sin concierto, donde la mortalidad fue del 13,8% en el caso de las
empresas y del 12,7% en las entidades sin ánimo de lucro. Los hallazgos
coinciden con una investigación anterior realizada en Canadá.
Detrás de la "eficiencia"
La pandemia, según un informe de Corporate Europe, un grupo de
investigación y presión que trabaja para compensar el peso de los intereses
corporativos en Bruselas, ha evidenciado los "fallos del modelo
privatizado de prestación de asistencia sanitaria y de cuidados de larga duración".
Al mismo tiempo, el informe alerta de que la salida de la pandemia, con unos
sistemas sanitarios y de cuidados que aún no se habían recuperado de los
recortes tras la Gran Recesión y ahora han sido golpeados por la pandemia,
constituyen un contexto propicio para la ofensiva de los defensores de su
privatización.
La justificación clave de dicha ofensiva es la "eficiencia",
observa Corporate Europe. En declaraciones a infoLibre, Aaron Reeves, el
coautor del estudio que vincula privatización y mortalidad evitable en
Inglaterra, cuestiona este concepto fetiche del argumentario pro-mercado.
Existe, señala, un "afán" por la "eficiencia" que no
siempre da los resultados prometidos. Y no sólo en su país. Un ejemplo son los
recortes tras la Gran Recesión en toda Europa, que demostraron que "es
realmente muy difícil encontrar esas ganancias [en eficiencia] sin perjudicar
al servicio". "Esto se debe a que muchos de estos sistemas ya son
bastante eficientes. Además, la forma en que los gobiernos han incentivado a
veces la búsqueda de esos aumentos de eficiencia es recortando los
presupuestos. Pero esto no siempre ha resultado eficaz. En parte porque no
siempre está claro qué es despilfarro y qué es realmente esencial. Recortar lo
que no se debe perjudica a los ciudadanos y puede aumentar los costes en otros
ámbitos".
¿Buscando eficiencia? Una atención primaria fuerte
Existe un consenso académico en torno a la vía óptima para una verdadera
eficiencia de un sistema sanitario público: una atención primaria fuerte.
Naciones Unidas insiste en la necesidad del reforzamiento de esta primera
frontera del sistema no sólo por su probada capacidad para garantizar un acceso
equitativo al servicio y reducir la mortalidad, sino también por la eficiencia
que proporciona. Hay estudios que acreditan que una atención primaria garante
de la continuidad de la relación médico-paciente está asociada a menores tasas
de mortalidad [ver aquí], menos ingresos hospitalarios [ver aquí y aquí] y
menos derivaciones a especialistas [ver aquí y aquí].
Meritxell Sánchez-Amat, presidenta del Fòrum Català d’Atenció Primària,
recalca que una "buena atención primaria" es capaz de resolver el 80%
de los problemas de salud. Eso sí, insiste, debe ser "una buena atención
primaria", es decir, con "profesionales de medicina y enfermería de
referencia, accesibles y longitudinales", que significa con una relación
durante largo tiempo. "Si le vas quitando esos apellidos a la atención
primaria, deja de ser buena", añade.
Por eso considera "alarmantes" los planes expresados por el
consejero de Sanidad de Madrid, Enrique Ruiz (PP), que defiende una
"sanidad líquida" con una atención primaria con más videoconsulta,
menos presencialidad, más peso de la enfermería y menos de la atención médica.
Sánchez-Amat vincula este tipo de modelos con una voluntad deliberada de
"debilitar la atención primaria", que es –dice– la mejor forma de
"ampliar el pastel" del negocio sanitario a costa de su calidad.
Coincide Manuel Franco, profesor e investigador en Epidemiología y Salud Pública
en las universidades de Alcalá y Johns Hopkins: "A la sanidad privada le
interesa una atención primaria débil". Franco, especialista en
desigualdad, alerta de que una privatización que deteriora el sistema público
acaba por castigar fundamentalmente a la población más pobre y con peor punto
de partida socioeconómico y, por tanto, de salud.
"Una relación de confianza médico de cabecera-paciente se asocia con
un tratamiento más eficaz, menos desperdicio y una mejor aceptación de los
consejos médicos preventivos", apunta el investigador noruego Hogne
Sandvik, especializado en atención primaria, que da dos claves más que explican
por qué una primera red de calidad es enemiga de la penetración privada: 1)
"Un médico de cabecera personal también puede proteger a los pacientes de
investigaciones y tratamientos innecesarios y posiblemente dañinos ofrecidos
por intereses privados". 2) "La necesidad de costosos sistemas
privados no será muy grande si [el sistema] tiene suficientes médicos de
cabecera".
Sandvik es uno de los cuatro autores de una investigación publicada hace un
año por la British Journal of General Practice que vincula una atención
primaria de calidad, con relaciones médico paciente que superen los 15 años,
con reducciones de un 25% de servicios fuera del horario de consulta,
hospitalizaciones agudas y mortalidad.
Así que no sólo las privatizaciones pueden matar. También el requisito para que esta sea masiva, el deterioro de la atención primaria, cuesta vidas.
%20vi%C3%B1eta%207.jpg)
No hay comentarios:
Publicar un comentario