La sanidad privada recibe de los conciertos con el
sector público diez veces más de lo que gasta en sus hospitales.
La desmesurada rentabilidad de la sanidad privada, un negocio cuyo grueso
se reparte en España una decena de grupos con elevadas participaciones en manos
de fondos de inversión extranjeros, responde a la inyección de recursos
públicos en un sector en el que los usuarios ya cubren el 98% del gasto.
"La privatización de
los servicios sanitarios tiene una incidencia que no es directamente visible
para los ciudadanos: encarece las prestaciones entre cinco y once veces, y
cuanto más cueste esa prestación menos recursos deja para el sistema
público", explica Marciano Sánchez Bayle, portavoz de la Federación de
Asociaciones de Defensa de la Sanidad Pública.
Se trata de una de las
entidades sociales más beligerantes con la generalización de unas políticas
que, bajo el eufemístico paraguas argumental de la colaboración
público-privada, desvían uno de cada diez euros de los presupuestos públicos a
empresas que, con ellos, se aseguran una rentabilidad de manual: ingresan diez
veces más de lo que les cuesta mantener sus instalaciones en un modelo de
negocio en el que los usuarios, directamente o a través de pólizas, ya financian el 98% del coste.
Sánchez Bayle apunta otras dos características de esos procesos: por la parte institucional, "siempre que se privatiza un servicio, se infrautiliza o se sustituye", señala. Mientras, por la empresarial, "los centros se especializan en tratamientos de menor coste y alta rentabilidad, mientras los más complejos y costosos, como el cáncer, los cuidados intensivos de bebés, los trasplantes o la atención a víctimas de quemaduras de consideración, se desplazan a un sistema público con menos recursos".
Se trata de una de las entidades sociales más beligerantes con la
generalización de unas políticas que, bajo el eufemístico paraguas argumental
de la colaboración público-privada, desvían uno de cada diez euros de los
presupuestos públicos a empresas que, con ellos, se aseguran una rentabilidad
de manual: ingresan diez veces más de lo que les cuesta mantener sus
instalaciones en un modelo de negocio en el que los usuarios, directamente o a
través de pólizas, ya financian el 98% del coste.
Sánchez Bayle apunta otras dos características de esos procesos: por la
parte institucional, "siempre que se privatiza un servicio, se
infrautiliza o se sustituye", señala. Mientras, por la empresarial,
"los centros se especializan en tratamientos de menor coste y alta
rentabilidad, mientras los más complejos y costosos, como el cáncer, los
cuidados intensivos de bebés, los trasplantes o la atención a víctimas de
quemaduras de consideración, se desplazan a un sistema público con menos
recursos".
"Resulta llamativo que puedas comprar en la bolsa de Londres acciones
de la empresa que gestiona un hospital de Madrid", señala Emili Ferrer, experto en temas sanitarios de
Economistas Frente a la Crisis (EFC), en referencia a LBEIP, el fondo propiedad
de banco Lloyd's que explota el centro privatizado de Arganda (Sureste) y
participa en la propiedad de los de Alcalá (Henares) y Parla (Infanta Cristina).
Ferrer diferencia entre los procesos de concertación de servicios
sanitarios mediante contratos, un modelo frecuente en Cataluña y Madrid
donde incluye la construcción de hospitales para su posterior explotación
en un sistema similar al de las autopistas, y para el que
reclama una regulación "con sistemas adecuados de control y
seguimiento", y la privatización de parcelas del servicio público.
Esta segunda vía es un factor clave para el crecimiento de un sector
privado que ya acapara en España más de la cuarta parte del mercado, con un
29,4% del total del gasto sanitario en 2019 y un 26,7% (menor por la pandemia)
en 2020, niveles únicamente inferiores a los de Letonia, Portugal y Lituania, y
con un 35,4% ya en 2018 si la perspectiva es la del gasto por habitante,
mientras que el porcentaje de ciudadanos con seguro privado alcanzaba el 23,4%
hace tres años, con tasas superiores al 30% en Madrid (36,7%) y
Catalunya (31,8%) y cercanas en Balears (29,5%).
La primera, sin embargo,
resulta clave para afianzar ese negocio de la sanidad privada y para
apuntalar su desarrollo, ya que los conciertos de las administraciones
públicas, en su práctica totalidad autonómicos, cubren más de la cuarta parte
del gasto sanitario privado.
Esas inyecciones, concentradas en Catalunya (3.288 millones y
23,6% del presupuesto público en 2020) y Madrid (902 y 8,5%), que suman casi la
mitad, y en menor medida en Andalucía (472 y 4%) y la Comunitat Valenciana (307
y 3,9%), resultan fundamentales para generar beneficios en las empresas que
acceden a los conciertos.
Básicamente, porque la sanidad privada, como la mayoría de los
negocios, se financia con las
aportaciones de sus usuarios, los cuales, según los datos de ASPE,
cubren un 74% del gasto con sus aportaciones particulares, vía tiquet o vía
derrama, mientras otro 24% es cubierto por los seguros a los que estos han ido previamente
pagando sus pólizas.
Los datos de ASPE, la patronal de los hospitales privados, y del Ministerio
de Sanidad cifran en 8.587 millones de euros la cuantía de los conciertos
sanitarios en 2020, que registraron un aumento de 320 millones y del 3,8% sobre
el año anterior.
Los cuatro previos, entre 2016 y 2019, esa cantidad creció de los 7.551 a
los 8.267, una aportación que, según esas mismas fuentes, equivalía a una
horquilla, en este caso decreciente, del 26,1% al 24,4% del gasto sanitario
privado.
En 2019, los usuarios
aportaron 28.794 de los 38.865 millones que sumó el gasto sanitario
privado
En números redondos de 2019, ejercicio más reciente del que ofrece datos,
los usuarios aportaron 28.794 de los 38.865 millones que sumó el gasto
sanitario privado mientras los seguros cubrían otros 8.196 y los gestores
únicamente asumían 879.
En el caso de los
hospitales, la aportación de los usuarios asciende a 5.029 millones de euros
(86,5%) frente a 780 (13,5%) de los gestores, mientras que si a estos se les
añaden centros residenciales y medicalizados las cifras serían 6.321 (89%) por
780 (11%).
Más del 60% de los hospitales privados accede a conciertos
Según las estimaciones de ASPE, "el 63% de los hospitales privados en España, 271
en total, cuentan con algún tipo de concierto", los cuales cubren servicios
hospitalarios en el 60% de los casos, primarios en un 6% y atenciones
especializadas en un 19%, a lo que se añaden traslados de enfermos (13%) y
trabajos con prótesis y aparatos terapéuticos (29%).
Esos grados de penetración en el mercado de la prestación de servicios
sanitarios de carácter público y esos niveles de remuneración, con cobros que superan los 8.500
millones para un negocio que en la práctica arriesga menos de
900, permiten hacerse una idea de la dependencia de las inyecciones procedentes
de los presupuestos autonómicos que presentan las cuentas de resultados de las
empresas que gestionan esos centros.
¿Y quiénes son los
principales beneficiarios de todo ese tinglado de "colaboración
público-privada"?
La respuesta al detalle, con cuantías y distribuciones, resulta
una tarea inabarcable dada la complejidad y las interrelaciones entre los
grupos empresariales, los fondos de inversión que participan en ellos o los
controlan y las administraciones con las que se relacionan. No obstante, sí es
posible identificar a los principales actores de la sanidad privada, que en
algunos casos resultan ser algunos de los mayores beneficiarios de los
conciertos.
Las principales empresas de la sanidad privada
Las dos grandes marcas, Quironsalud y su filial IDCQ Hospitales y Sanidad,
están controladas por el fondo de inversión alemán Fresenius, que es la principal firma europea del ramo y
que durante unas semanas ha tenido en el escaparate a su buque insignia
español, que supera los 2.000 millones de facturación anual con más de medio
centenar de hospitales y más de cien clínicas y centros de otro tipo.
Fresenius, que gestiona
otras marcas del sector sanitario como la cadena de clínicas Helios y la de
material Kabi, tiene entre sus accionistas desde hace unas semanas a otro de
los grandes fondos, el británico Elliot Investment Management, un movimiento
que dejó en el aire la venta de Quironsalud, con la que se hizo en 2016 tras
pagar 5.670 millones al fondo CVC, que llegó a interesarse por una eventual
recompra.
CVC, un fondo británico que maneja inversiones por 75.000 millones de dólares y
que ha pasado a ser conocido por el gran público tras invertir en LaLiga y en
la WTA, el circuito internacional del tenis femenino, parece decidido a volver
a operar en la sanidad española.
Además del fondo británico LBEIP, que gestiona tres hospitales en
Madrid, los holandeses de DIF son los dueños del Puerta de Hierro de
Majadahonda.
Entre las marcas de origen
español que operan en el mercado de la sanidad se encuentra Ribera Salud, con
Banc Sabadell y el fondo estadounidense Centene Corporación como accionistas de
referencia, cuya facturación se sitúa en el entorno de los 500 millones de
euros anuales y que explota cinco hospitales en la Comunitat Valenciana, entre
ellos el de Alzira, pionero en las privatizaciones.
De un tamaño similar resultan ser la cadena Vithas, propiedad de
la familia catalana Gallardo a través del Grupo Goodgrower; el grupo HLA, de la
aseguradora Asisa, que gestiona varios hospitales en Catalunya y en Madrid, o
HM hospitales, de la familia madrileña Abarca, y que también opera en varias
comunidades.
Completan la lista de los principales operadores del sector
hospitalario privado en España Hospiten, José Manuel Pascual, que tiene
concertados con la Junta cinco de sus siete centros andaluces, y Sanitas,
propiedad de la aseguradora británica Bupa.
¿Afecta este modelo de gestión al
servicio?
Ni Sánchez Bayle ni Ferrer tienen ninguna duda acerca de las
consecuencias que la extensión de estos modelos de privatización tienen sobre
la prestación del servicio sanitario, al tiempo que llaman la atención acerca
de las maniobras iniciadas en comunidades como Madrid y Andalucía,
intensas desde hace décadas en Catalunya, para extender esos procesos del
ámbito hospitalario al de la atención primaria.
"España es uno de los pocos países en los que hay atención
primaria, que es la puerta del sistema pero también la única que puede atender
a los pacientes sobre el terreno", señala el economista, algo clave cuando
"lo que determina nuestra salud son nuestras condiciones de vida".
"Es necesario profundizar en el cambio de paradigma del sistema sanitario" que
promueve la OMS (Organización Mundial de la Salud) en el sentido de "pasar
de curar a promocionar la salud. Y en eso tienen poco que hacer los hospitales,
porque a un hospital solo se va cuando no hay más remedio".
Un goteo
de cambios cuantitativos acaba produciendo cambios cualitativos ",
advierte el médico en relación con esos crecientes procesos de privatización en
los que las empresas privadas de sanidad aplican, como las aseguradoras, una
"selección de riesgos: eligen lo que cubren, los tratamientos que aplican
y el tipo de cliente que buscan, mientras todo lo complejo va a la sanidad pública,
que se encarga de atender a los pacientes con independencia del coste".
Fuente
documental:
https://www.publico.es/sociedad/sanidad-privada-recibe-conciertos-sector-publico-diez-veces-gasta-hospitales.html?fbclid=IwAR3sBmLZPqBGj6cARIy-6BTlYClchGX80Ig7kA4mcdfImayvwbctM-h4wBA#analytics-tag:listado?utm_campaign=facebookhttp://www.publico.es/sociedad/sanidad-privada-recibe-conciertos-sector-publico-diez-veces-gasta-hospitales.html%23analytics-tag:listado?utm_campaign=facebook?utm_campaign=facebook
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