"Sin ti no soy nada": la carta de un médico sevillano que
reivindica la labor de las enfermeras
"A veces he pasado junto a ti más
tiempo que con mi propia familia"
Las enfermeras son una parte fundamental del engranaje
de ambulatorios y hospitales, pero hay personas que siguen sin otorgarles todo
el reconocimiento que merecen. Por ese motivo, muchas enfermeras han agradecido
la carta de un médico de un pueblo de Sevilla (Cañada Rosal, 3.000 habitantes),
titulada:
ÁNGEL LÓPEZ
Los médicos y
enfermeros constituimos las dos piezas indispensables en la atención sanitaria
a las personas, aunque también participan de forma adyuvante trabajadores
sociales, auxiliares, celadores y técnicos sanitarios por lo menos en el ámbito
donde yo me desenvuelvo.
¿Y por qué
afirmo esto? Pues porque muchos días paso consulta en un consultorio rural,
solo con un enfermero/a, aunque en las guardias o atención continuada (que así
se llaman ahora, para que no digamos que atendemos solo urgencias), también me
acompañan un celador y un conductor de ambulancia (ambos técnicos sanitarios).
Ciertamente, desde que comencé a trabajar ha estado presente allí donde fui un
enfermero/a, siempre en la habitación de al lado en las guardias, siempre a mi
lado en la ambulancia, trabajando juntos en la atención a los pacientes
crónicos, sufriendo y sudando junto a mí en la atención a emergencias,
administrando los tratamientos indicados, recibiendo en común a los pacientes.
Aunque con
algunos enfermeros/as con los que he estado a veces he pensado que no deberían
estar en atención primaria en un pueblo o en urgencias porque no les gustaban
estas labores, luego reflexiono y me pregunto:
Qué hubiera
sido de Juan cuando tuvo aquel infarto si el enfermero no hubiera estado allí,
cogiendo oportunamente una vía venosa a pesar de estar hipotenso; o de
Francisca cuando tuvo el shock anafiláctico que casi acaba con
su vida, de no venir conmigo en ese momento mi compañera enfermera; o del la
lactante que tuvo el atragantamiento y se recuperó sin secuelas porque tú
estabas allí conmigo; o qué hubiera sido de mí sin las conversaciones y risas,
discrepancias y discusiones, noches de insomnio y amaneceres en la ambulancia
contigo, en los largos días de guardia. A veces y en periodos concretos he
pasado junto a ti más tiempo que con mi propia familia. Nos hemos contado cosas
personales más allá de una relación laboral y obligatoriamente y
circunstancialmente hemos compartido intimidades.
¿Qué sería de
mí si tú no hubieras estado ahí? Las vacunas, las curas, los inmovilizados, los
diabéticos, hipertensos, la promoción de la salud en los niños, las pruebas
complementarias, el apoyo psicológico tras el duelo, la administración de
tratamientos, los procesos asistenciales, los programas de salud, los
protocolos, todo sería de otra manera y...
¡Es que yo sin
ti no soy nada!
Ángel López, el autor de la carta, un médico sevillano de 55 años que lleva ejerciendo
su profesión desde 1987. "Y siempre en este pueblo, Cañada Rosal". Se
animó a escribirla después de un día de muchísimo trabajo en su consultorio
rural: "En jornadas como esa, valoras aún más a las enfermeras que te
acompañan".
"Si estamos solos, los médicos no somos nada. La
sanidad es un trabajo de equipo. Todos somos necesarios. Las enfermeras y
enfermeros son una parte clave", indica López. En su carta, reivindica el
papel de estos profesionales sanitarios: "Quería dejar claro que son
importantísimos para que todo funciones. Espero haberlo transmitido bien".
A sus compañeros en el consultorio de Cañada Rosal
parece haberles quedado claro. "Uno de los enfermeros se ha emocionado y
todo. Me ha agradecido mucho que haya escrito eso", dice López, que en su
puesto de trabajo cuenta habitualmente con la ayuda del enfermero que aplaudió
su carta. "Sin él, o sin ella cuando viene la del otro turno, no podría
hacer mi trabajo. Yo diagnostico, pero el pinchazo lo da él".
López reconoce que no todos los médicos muestran la
misma actitud ante la enfermería: "En la atención primaria y en
consultorios como el mío, el trato es muy cercano y todos somos iguales. En los
hospitales, hay algunos médicos bastante orgullosos. Es otra cosa".
El autor de la carta cree que el entorno en el que
desarrolla su trabajo, un pueblo pequeño con pocos recursos sanitarios, le
aporta una perspectiva aún mayor de la figura de la enfermera: "En este
pueblo, me siguen llamando don cuando me ven por la calle. Y
casi tengo un efecto placebo en las personas a las que visito. Se recuperan
solo con verme. A las enfermeras les pasa lo mismo. Las respetan mucho".

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