Hace 50 años | 2 de mayo de 1967
El Hospital
General contará con un moderno centro oncológico
"En el día de ayer, la Corporación provincial celebró su sesión
mensual ordinaria, bajo la presidencia del vicepresidente, don Miguel Ángel
Fernández, en la que acordó facultar a la presidencia para la firma del
contrato a celebrar con la Asociación Española de Lucha contra el Cáncer, con
el fin de instalar, en concierto con la Caja de Ahorros de Asturias, de un
moderno centro oncológico en el Hospital General, que estará destinado a la
prevención y curación del cáncer".
------------------------------
El tiempo pasa, o como diría D. Mariano, “oh no, vaya usted a saber”. El
caso es que los Fernández continúan dirigiendo los destinos de la antaño región,
ahora reconvertida en Comunidad Autónoma. En otro momento el alma benefactora de
la sociedad asturiana fue la Caja de Ahorros de Asturias, liquidada impunemente
por unos supuestos salvadores de la Patria, que terminaron por ser sus
saqueadores. Cincuenta años más tarde es la Fundación Amancio Ortega la que
pone las “perres”, que sería deseable que no se evaporen, como ya viene siendo
costumbre.
Bueno, y lo de dirigir es un decir. Pues mientras que Javierfer vive
ausente, y gestora en mano quiere gestionar los destinos de medía España. Asturias
continúa en manos de nadie, desangrándose poco a poco, y en una permanente caída
libre.
A todas estas, la interprete Mercedes Fernández, primera actriz en el
reparto y compañera en la sombra si hace falta. Es capaz de interpretar varios papeles,
ejerciendo lo mismo de primera dama, de actriz secundaria, o si hace falta, adopta
el papel de una simple figurante. Y es que estos Fernández, son ambos de los
Fernández, de toda la vida.
Dña, Mercedes como ya es costumbre por su parte, permanece siempre tras el burladero expectante, por si el
morlaco en un golpe de mala suerte se descabellara él solo, y así poder tener su oportunidad. Dado que de otra
manera, se me antoja más bien imposible. Menos mal que en su día la señora
Fernández obtuvo en la selectividad la nota más alta de Asturias, que de haber
sido repetidora,… entonces quizás ya hubiera estado hace tiempo ocupando el puesto
de Fernando Lastra.
Eramos pocos pario la abuela. Y esta dio a luz un bebe, no sin padecer complicaciones en el parto. Lo bautizaron como ocurrencias “mamazares”. El bebé, que debió de ser extraído con fórceps, sufrió una
hipoxia cerebral, y de aquellos instantes sin que le llegara suficiente oxigeno
al cerebro, surgen hoy día las ocurrencias, que por otra parte nos vemos en la
obligación de soportar estoicamente todos los asturianos.
Y es que cuando uno no tiene nada que decir. Cuando uno lleva parasitando
más de 30 años sin aportar nada útil a la sociedad. Cuando alguien ya no fue capaz
de apagar la luz en su momento, cerrar
la puerta, y marchar por donde nunca debía haber venido. Es entonces cuando “Gaspi”, sale por peteneras.
Ahora por no tener, ya no tiene ni ocurrencias propias, así que las copia de
los separatistas catalanes. Quien te ha visto, y quien te ve "Gaspi".
Cuanto le debe la humanidad a quien puso a "Gaspi" en el camino de la política. Se
lo imaginan ustedes por un momento ejerciendo la medicina. Se lo imaginan por un
momento trabajando en las urgencias de un hospital. Estarán conmigo que es mucho mejor dejarlo parasitando en la ciénaga de la política, y soñando con sus impuestos
a las bebidas azucaras. Si se le permite volver a la medicina, que Dios no lo quiera, no quiero ni imaginarlo trabajando en AP, o en urgencias de un hospital, estoy seguro que acabaría por liarla, ocasionando alguna desgracia. Y si no me creen, lean.
-----------------------------------------
¡Un médico!
1 MARZO, 2015
El mundo del hemiciclo del Congreso de
los Diputados es bastante peculiar, por decirlo de alguna manera. Con el
tiempo uno llega a la conclusión de que los diputados no somos muy
distintos de los periodistas, y que unos y otros vamos al hemiciclo cuando
hay algo que nos interesa. Así que, si quieres que la gente te
escuche, tienes que luchar por la audiencia. Ya no vale un buen discurso,
tienes que hacer algo más llamativo. Si el
mismísimo Demóstenes subiera a la tribuna del parlamento
para fijar posición en una «moción consecuencia
de una interpelación urgente sobre el criterio del Gobierno a la hora
de transformar en autovías aquellas carreteras que discurren de manera paralela
a autopistas de peaje, con especial referencia a la N-II y N-232 en sus tramos
aragoneses», probablemente sólo bajaría al hemiciclo a escucharlo su
virtuosa madre.
Peleando por la cuota de pantalla,
durante esta legislatura, he visto al diputado Baldoví hacer
un streptease, estrujar una lata de coca-cola, y enseñar los más
diversos objetos desde la tribuna. Generalmente con notable éxito
publicitario, aunque no sé si político. ¿Pero quién tiene éxito político en
esta legislatura en el Congreso?
Así que mientras el
diputado Baldoví mostraba las letras del abecedario de su crítica
política al presidente Rajoy como a un parvulito,
yo le prestaba atención con un oído y dedicaba el resto de mi
conciencia a tratar de terminar un texto en el ordenador que los
diputados tenemos en el pupitre. Cuando Celia Villalobos, con voz
potente, dijo «¡siéntalo!» temí que Baldoví hubiera subido al
atril, pero no, no era una performance. Al levantar la
mirada vi que Baldoví se sentaba casi desplomándose, y todos nos
quedamos suspensos.
A la llamada de la presidenta pidiendo
un médico, y para que luego digan que no hay nivel en el Congreso, a la llamada
de Villalobos y de su propia vocación profesional, acudieron al
instante la ministra Ana Pastor y mi compañera del grupo socialista Pilar
Grande. Un par de segundos después llegaban Pepe Martínez Olmos y
Gracia Fernández, y no tardaron en llegar Puerto Gallego y
Carmen Montón, todos ellos médicos y diputados socialistas. Enseguida llegó
otra diputada, creo que del PP, que también debía de ser médico. En
suma, que cuando llegaron Pedro, el médico del Congreso y Ana, la enfermera,
había tal embotellamiento médico que temimos por la integridad
del pobre Baldoví. Para aquel entonces ya nos habían
tranquilizado, todo había sido un susto y Joan Baldoví estaba bien.
Gaspar Llamazares, se quedó prudentemente al final de la escalera, pero cerca
de la tribuna por si hacía falta otro médico. Cuando volvía a su escaño, le
pregunté: «¿tú no te has sumado a la partida de rescate?», a lo que
Llamazares me respondió con gracia «mi especialidad es salud pública, y para
intervenir necesito por lo menos una epidemia».
Pedro Saura, nuestro portavoz en
Economía me dijo: «si en lugar de ocho médicos hubiéramos sido ocho
economistas, ahora tendríamos doce o catorce diagnósticos diferentes y ninguna
terapia efectiva». En fin, que yo también prefiero a los
médicos y, sobre todo, que sólo sea un vahído.
Publicado en los diarios SUR y El Correo
el 1 de marzo de 2015

No hay comentarios:
Publicar un comentario