La solución de las
listas de espera pasa por contratar más efectivos que atiendan la sanidad pública, o en su defecto hacer derivaciones a los
centros concertados, donde algunos están ya haciendo su agosto.
La falta de una buena gestión de lo público, está empujando
a los usuarios a contratar pólizas de seguro privadas. Con el sufrimiento y el dolor de unos, "otros", o quizás son los mismos, continúan haciendo negocio.
EL RECURSO
MÁS EFECTIVO PARA REDUCIR RÁPIDAMENTE LAS CIFRAS DE UNA LISTA DE ESPERA
QUIRÚRGICA O DIAGNÓSTICA SON LOS CONCIERTOS CON CENTROS PRIVADOS
Claro que si
entendemos la gestión desde la perspectiva de la cifras, aquí entra en juego
cómo disminuirlas cuando toque publicar los datos, cuando llegue el corte anual
o semestral. Es un dato sensible, a la ciudadanía le importa, como le importa
el dato de desempleo y es por eso por lo que a veces las Comunidades Autónomas
demoran su publicación semanas o meses, suponemos que para la sesión de
maquillaje y poder sacar el mejor “perfil”, porque los datos los tienen en todo
momento. Hay todo un catálogo de argucias para que esas cifras permitan al
consejero o consejera de la Comunidad Autónoma decir que la situación mejora,
como la economía, el paro, o lo que toque. El objetivo es escamotear cierto
número de pacientes en el momento del recuento. Esto no se improvisa cuando se
va a realizar la publicación de las cifras, sino que es el resultado de una forma
sistemática de hacer pequeñas trampas. Aquí citamos algunas:
- Lo más básico es
no apuntar al paciente. Esto puede requerir la connivencia del médico, claro.
Pero cuando se está jugando su productividad variable, tal vez se pueda
conseguir que al paciente no se le haga la indicación formal de intervención
quirúrgica hasta que no pasen unos meses desde que se le dijo de palabra,
seguido de un “ya le llamarán”. Y cuando está cerca la fecha en que puede ser
operado, se le inscribe y se le opera. Oficialmente es un paciente operado tras
una corta demora, lo que además contribuye a mejorar la media, que es el dato
que se contabiliza.
- Inscribir al
paciente cuando se le cita para el estudio preanestésico, o cuando lo supera.
Una variante de la anterior que no necesita la connivencia del médico. Aunque
no cumpla el Real Decreto de 2011 (que al fin y al cabo, sólo dicta “criterios
marco”).
- Ofrecer al
paciente ser operado en un centro concertado, y si dice que no, pierde el
tiempo de garantía, que es quedarse estancado en la lista.
- Ingeniería
contable institucional: nada de número de pacientes por tramos de días de
espera. Se usan las medias (demora media). Esto se puede combinar con agregar
los datos a nivel provincial, o de toda la Comunidad Autónoma. O fragmentarlo
parcialmente por especialidad, evitando las de peores resultados. Si además se
combina con pacientes que deberían ser contabilizados como operados de
urgencia, las medias mejoran espectacularmente.
- Suspensiones
temporales de la indicación de los pacientes que más tiempo llevan esperando.
Cuando pasa la fecha de declarar los datos, se les vuelve a “activar”.
- Documento de
registro de la inscripción al cajón, a hibernar un tiempo. Si el paciente se
queja, se saca del cajón y se registra. Se pueden ganar unas semanas.
- Pacientes que
“viajan” de una lista a otra (por ejemplo, de un hospital público a un centro
concertado, y en el camino se quedan en el limbo y no se contabilizan en el
momento del corte, que todos los gestores saben cuándo se producirá).
Como ven, esto es
una picaresca. Puede haber más técnicas, pero no nos las han contado todavía.
Las listas de espera
y la sanidad privada
El recurso más
efectivo para reducir rápidamente las cifras de una lista de espera quirúrgica
o diagnóstica son los conciertos con centros privados. Precio unitario por
procedimiento, se llama a los pacientes que más tiempo llevan esperando, y el
político consigue dos noticias positivas, una cuando anuncia el plan y otra
cuando da los resultados, unos meses después. Esta práctica la han hechos todos
los servicios autonómicos de salud como parte de lo que suelen llamar “planes
de choque”. Los resultados son inmediatos y el gasto es limitado (la cantidad
que se decida contratar). Admite varias modalidades (el cirujano es de la
empresa privada o el cirujano es del servicio público, por ejemplo). A veces
estos conciertos se mantienen año tras año, como si los planes de choque fueran
permanentes. Dan respuesta a esa disminución del volumen y mejoran las demoras
medias. Es la medida estrella. Nada se sabe ni se quiere saber de resultados en
términos de calidad (complicaciones, reintervenciones, repetición de pruebas).
No vamos a extendernos aquí en cuánto sirven a medio plazo esas medidas y a
quiénes benefician.
LA FALTA DE GESTIÓN DE LAS LISTAS DE ESPERA, SU
MANTENIMIENTO Y CRECIMIENTO SON OTRA INVITACIÓN PARA QUE, QUIENES PUEDAN,
COMPLEMENTEN SU ASISTENCIA SANITARIA CON UN SEGURO PRIVADO
Cuando se han
buscado soluciones en el propio sistema público, sin recurrir a la concertación
con centros privados, hay experiencias con retribuciones por acto médico
(“peonadas” llamadas inicialmente): equipos de cirujanos y personal de apoyo
acudiendo a operar a otro hospital público a pacientes de su lista de espera. O
de pacientes a los que se les ha ofrecido ser intervenidos en otros hospitales
públicos próximos a su lugar de residencia. Cuando había más presupuesto cabía
adoptar medidas de este tipo, que fueron eficaces para aliviar esas listas.
La otra vertiente la
hemos señalado en otras ocasiones: la falta de gestión de las listas de espera,
su mantenimiento y crecimiento son otra invitación para que, quienes puedan,
complementen su asistencia sanitaria con un seguro privado. Así se quedarán
esperando quienes no puedan hacerlo. Y siguen creciendo las primas y los
asegurados.
Sobre las garantías
de respuesta en plazo a los pacientes
¿Cómo garantizar
efectivamente a los ciudadanos que si se supera el plazo máximo establecido
serán intervenidos? Si el paciente no cuenta realmente con una alternativa que
solucione su problema, no hay tal garantía, por mucho que lo digan las normas.
Podría establecerse que la Administración sanitaria pague a la clínica privada
que el paciente elija. No se trata de que el paciente adelante el pago y luego
se le reembolse, eso anularía la garantía para quienes no pudieran adelantarlo.
Ni tampoco, como ha hecho alguna Comunidad Autónoma, de fijar un procedimiento
engorroso y una cantidad irrisoria a abonar por la Administración a las
clínicas privadas, con el resultado de que a ninguna de esa Comunidad le ha
interesado: una norma para disuadir a los pacientes y a los centros privados.
Así que sólo queda
acudir a la sanidad privada, pagar y solicitar el reembolso. Incluso la
legislación lo prevé en la llamada asistencia sanitaria transfronteriza. Pero
estos mecanismos suponen que el paciente tiene que adelantar el dinero, y luego
reclamarlo a la Administración, probablemente hasta la vía judicial.
Queremos decir con
esto que las garantías, si existen, son más declaraciones de principios que
realidades. Volvemos a lo repetido: el que no tenga medios se aguanta
esperando.
Final: la gestión de
las listas de espera como una cuestión ética
Dirigido a los
gobiernos autonómicos y al central, a cada uno lo que le toque: exigimos que
sean serios, rigurosos; que dejen de hacer trampas y de utilizar las listas de
espera en la propaganda que más les interesa en cada momento. Que se preocupen
y ocupen de priorizar con criterios clínicos y sociales. Que den explicaciones,
informen adecuadamente a los ciudadanos: primero a los pacientes que esperan;
luego al conjunto de la sociedad. Que no eludan el debate serio.
Y transparencia.
Caminamos en medio
de un ruido inane hacia un sistema sanitario público para los pobres y otro mixto,
que combina público y privado, para los que pueden pagarlo y decidir cuál de
ellos eligen para qué tipo de asistencia. ¿Hay que resignarse a esta situación,
a este doble sistema? ¿A esta dicotomía de sanidad para pobres y sanidad para
ricos? ¿Cuánto tardará en ser la posición predominante entre los generadores de
opinión pública que hay que aceptar que el que quiera una buena sanidad debe
acudir a lo privado, como tan normalizado parece estarlo en lo referente a, por
ejemplo, el colegio de los hijos?
Nosotros no nos
resignamos. Consideramos que es indecente dejar que siga degradándose nuestro
sistema mientras se hurta el debate, y se oculta ante la opinión pública
publicitando en su lugar las noticias de los logros en la medicina más puntera.
¿Dónde está la
bolita? Ahora la ves, ahora no la ves.

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