PROFESIÓN. El
compromiso ético del médico, ¿causa del burn-out?
Un
artículo recientemente publicado en la web de Medscape reflexiona
sobre la posible relación del compromiso profesional del médico (concretado en
el juramento hipocrático, utilizado en muchos entornos profesionales de los
EEUU) y la elevada prevalencia del burnout entre los médicos, que alcanza a la
mitad de la profesión. En realidad, más que el propio juramento hipocrático
original, se está refiriendo a la redacción actualizada que de él se utiliza,
que incluye la prioridad de los intereses del paciente sobre los del propio
profesional. Es esta una cuestión interesante, porque de alguna manera está
presente también en muchas formulaciones del compromiso profesional en nuestro
medio, como por ejemplo nuestro Código Deontológico (cuyo artículo 5.3 lo recoge
así: “La principal lealtad del médico es la que debe a su
paciente y la salud de éste debe anteponerse a cualquier otra conveniencia“).
El
artículo parece repartir la responsabilidad del burn-out entre el citado
compromiso profesional y la sobrecarga de actividades burocráticas y de control
que pesan sobre los profesionales, y que le dificultan mantener una adecuada
relación con los pacientes. Y se queja del “lavado de cerebro” que la formación
médica produce sobre los profesionales, que no les ayuda en nada a prepararse
para mantener un adecuado equilibrio entre su vida personal y profesional, ya
que el bienestar de éste último es fundamental para poder prestar una
asistencia de calidad. Y si se descuida, puede hacer que la entrega profesional
del médico acabe convirtiéndose en un auténtico “martirio por la causa”.
De
hecho, las entidades profesionales norteamericanas se están planteando
seriamente retirar este tipo de referencias absolutas de los documentos
deontológicos y éticos de la profesión. La última ha sido la Asociación Americana de Médicos de Familia, que ha
aceptado una enmienda para retirar del juramento de
sus miembros cualquier referencia a la supremacía absoluta de los intereses del
paciente sobre cualquier otro.
Sin
embargo, parece no ser el único elemento, sino que podría tratarse de un
sustrato que, enfrentado a requerimientos múltiples en el ejercicio
profesional, puedan llevar al médico a la sensación de fracaso y desbordamiento
personal que pueden estar detrás del burn-out. Sin embargo, la realidad está
ahí, y más allá de la literalidad de muchos de esos juramentos y documentos
éticos, se aprecia una concepción de la profesión médica como mera herramienta
para conseguir el mejor bienestar del paciente, incluso la humanización de la
atención sanitaria, sin pasar por medio del propio bienestar del profesional,
como si éste fuera una mera herramienta.
Tal vez
haya que recordar aquí un poco de la filosofía de Kant y una de sus más
evidentes formulaciones de lo que él llamaba el imperativo categórico:
obra de
tal modo que uses a la humanidad, tanto en tu persona como en la persona de
cualquier otro, siempre como un fin al mismo tiempo, y nunca solamente como un
medio
Si
realmente queremos prestar una atención de calidad, tanto en lo humano como en
lo profesional, deberemos tener en cuenta esta máxima y considerar a los
profesionales sanitarios como lo que son, personas con dignidad propia y no
meras herramientas para el bienestar de los demás. De ahí que quizás vaya
siendo hora de replantearse si de verdad “los intereses del paciente deben
estar por delante de los del profesional”, o si lo que realmente se quiere
decir, entre otras cosas para proteger a los pacientes, es que los intereses
del profesional nunca deben perseguirse a costa de los legítimos intereses de
los pacientes, pero que el profesional tiene, de cualquier forma, legítimos intereses
que también deben ser preservados para organizar una adecuada atención
sanitaria a la población.
Porque
la dignidad de los pacientes no puede promoverse despreciando la dignidad de
los profesionales. Ni viceversa, por supuesto. Nadie debe ser víctima de los
intereses de otros. Esta es la grandeza de la formulación kantiana.

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