José Ramón Repullo Labrador, profesor emérito de Planificación y Economía de la Salud de la Escuela Nacional de Sanidad
Desde una perspectiva del “interés
general” parece razonable que el SNS considere estrategias para que
sus médicos tengan la mayor dedicación posible a sus puestos de trabajo… sobre
todo porque es muy caro, lento y laborioso formar a un profesional, y la
sanidad pública no anda muy sobrada de especialistas (de horas netas de
trabajo).
Otra cosa es qué estrategias son
las más efectivas y viables, y, además,
cuáles pueden formularse para el conjunto del SNS español, teniendo en cuenta
el altísimo nivel de descentralización en las CCAA, y, por qué no decirlo, la
reluctancia de las autonomías para seguir normas centrales (sobre todo si
provienen de gobernantes de otros partidos políticos); y también la
pulsión de diferenciación que obstaculiza la sincronización de reformas en los
servicios autonómicos de salud.
Las estrategias regulatorias son posibles: desde
endurecer las incompatibilidades a reconstruir el complemento de exclusiva
dedicación. Pero, hay que tener en cuenta que más de la mitad de los médicos de
la pública trabajan también en la privada, donde obtienen rentas
complementarias que nivelan sus expectativas de ingresos; incluso podría
decirse que los sueldos de la pública son bajos comparativamente, porque
se supone que se pueden compensar con la tolerancia al trabajo de tarde; un círculo vicioso perfectamente construido y perverso que lleva a
un equilibrio muy perjudicial para todos. Algo similar al equilibrio
disfuncional con las guardias médicas como complemento retributivo (otro tema a
enfrentar).
Domina el “confortable estado del
malestar”: todas las piezas acaban encajando
y la cosa medio funciona, aunque generando ineficiencias y malestar de la
mayoría de los actores.
Pero, afortunadamente hay otras estrategias: se
puede “comprar la tarde” a los médicos que quieran, evitando tener que salir (o escapar) corriendo a la privada y
añadiendo dos o tres horas de mayor dedicación a las tranquilas tardes de
consultas, exploraciones o quirófanos de la sanidad pública. Cuesta
dinero, ¡claro!; pero es la forma más
eficiente y barata de incrementar el capital humano de la sanidad pública.
Bueno; comprar la tarde pero sólo a los especialistas que se necesitan; y
establecer a través de los acuerdos de gestión clínica unos retornos de actividad y calidad por la
mayor financiación que se invierte.
Lo de los Jefes de Servicio es más complicado…
porque se añade un argumento más robusto a favor de la incompatibilidad: hay un
conflicto de interés innegable, ya que la responsable de organizar la atención
de una especialidad para una población puede obtener beneficios adicionales si
el servicio público funciona a bajo rendimiento, con tiempos de espera
desesperantes, o con una desorganización y descortesía que
irrita a los pacientes: la migración a
la sanidad privada sería una tentación para muchos pacientes que caerían en los
brazos de la red asistencial privada, en la que los Jefes de Servicio de la
Sanidad Pública tienen un rol muy activo, liderando a sus compañeros que
participan en la práctica dual. Por no hablar de los casos (que
los hay) de derivación dolosa de pacientes concretos de la pública a la
consulta privada.
Que se entienda bien… no
significa que los conflictos de interés se materialicen en todos o en la
mayoría de los casos; o con intensidades
importantes. Pero la tentación está ahí, y desde la perspectiva del Buen
Gobierno conviene revisar estas situaciones para mitigarlos o modularlos.
Hay otro problema con los Jefes
de Servicio (y los Jefes de Sección);
combinan dos legitimidades y roles:
- La de
la autoridad profesional, siendo la auténtica carrera
profesional del médico español, auto explicativa y altamente deseada por
cualquier facultativo.
- La de
la responsabilidad jerárquica y gestora para organizar el
Servicio, asumiendo la rendición de cuentas ante la sociedad del buen uso
de los recursos depositados en sus manos.
Entre las propuestas más prometedoras de las políticas
de Gestión Clínica ha estado la diferenciación de ambos roles:
- Reconducir
y reforzar el componente meritocrático de la autoridad
profesional hacia una auténtica carrera de contribuciones científicas,
asociativas y clínicas con amplia autogestión realizada por el propio
mundo profesional (al modo británico de los “Clinical Excellence and Distinction
Awards”).
- Crear
áreas o institutos de Gestión Clínica multi-especialidades y
multi-centros (¿al modo de los Pôles cliniques et
médico-technique franceses, los Departamentos nórdicos, o los Institutos y
Centros del Hospital Clínico de Barcelona?). Estas mini-direcciones
médicas serían temporales (¿períodos de 4 años renovables?), las
podían ocupar Jefes de Servicio, de Sección o Facultativos especialistas,
sujetas a concurso donde expusieran sus proyectos de gestión, y fueran
finalmente seleccionados por órganos colegiados de gobierno de los
centros. Por supuesto con una retribución que contemplara su fuerte
implicación en funciones directivas clínicas. A estos sí que se debería
exigir incompatibilidad completa.
Para los que les parezca esta propuesta
de Jefaturas de Área de Gestión Clínica una extravagancia inaplicable, cabría señalar
cómo en la Universidad las Jefaturas de Departamento siguen un modelo
similar: pueden ser cubiertas por un
Catedrático o un Profesor Titular, son temporales, e incluso hay que fomentar
vocaciones porque el trabajo gestor no es particularmente atractivo para el
mundo académico (ni para el mundo clínico).
¿Por qué no reconducir el debate de reforma del
Estatuto Marco a estas coordenadas?: haríamos una gran
contribución a la reorganización gestora de los micro-sistemas clínicos, y además quitaríamos tensión a procesos de cambio
enquistados por los muchos años trascurridos con situaciones que suelen
envenenar el clima laboral y complicar el diseño y desarrollo de los procesos
de coordinación y gestión.
Hay otros escenarios posibles; sólo hay que
atreverse a atravesar la puerta; y mejor hacerlo juntos y
dialogando.
Fuente documental:
https://www.redaccionmedica.com/opinion/jose-ramon-repullo/-que-debe-hacer-el-sns-con-el-espinoso-tema-de-la-exclusividad-de-sus-medicos-y-en-particular-de-sus-jefes-de-servicio--2377
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