Lo que hay detrás de las consultas telefónicas en la Primaria: luces, sombras y retos de una atención que supone hasta un tercio del total
Tras su explosión por la pandemia, los sanitarios creen que han llegado para quedarse pero "en su justa medida".
Entre un cuarto y un tercio del total de las citas médicas de Atención Primaria se realizan por teléfono. Bajas o altas,
renovación de la medicación o simplemente dudas son los trámites que
normalmente se solucionan con una llamada del sanitario y no precisan el
desplazamiento del paciente al centro de salud. Este servicio, que eclosionó
con la pandemia para descongestionar la presión asistencial, ha llegado para quedarse, pero "en su
justa medida". El personal sanitario le atribuye ventajas: es un
eficaz triaje previo a la consulta presencial y descarga de visitas para
trámites burocráticos. Sin embargo, también advierten de que puede mermar la
relación de confianza médico-paciente y que la gestión combinada con las
consultas presenciales crea situaciones de "enorme estrés".
Según los datos facilitados por las diferentes Consejerías de Sanidad
consultadas, en la CCAA de Madrid, durante los primeros ocho meses de 2022,
el 31,1% del total de
las consultas de Atención Primaria se realizaron por teléfono, y el 68,9%
restantes, de forma presencial. Similares son las cifras de la CCAA de
Valencia, donde entre enero y mitad de octubre, el 35% del total de consultas médicas de Medicina Familiar y
Comunitaria se llevaron a cabo de forma telefónica. Al desglosar por
especialidades, en Pediatría las consultas por teléfono representan el 29,1%,
mientras que en Enfermería, un servicio que "no se presta" tanto a la
atención telefónica puesto que muchas veces son curas u otras atenciones que
requieren presencialidad, fueron el 6,7%.
En Andalucía, las
consultas por teléfono representan el 24% de los
59,5 millones en total de Atención Primaria entre enero y septiembre de este año. Por
su parte, en Cataluña, del 1 de enero al 31 de septiembre de este año se
incrementaron un 3,3% el total de visitas presenciales respecto al mismo
período del año 2022, mientras que la atención telefónica disminuyó un
39%. Sin embargo, la atención a través de las herramientas TIC aumentó en un
8%, según los datos proporcionados por el Departamento de Salud.
Estos datos no son comparables con los de 2021, marcado aún por las
restricciones a la movilidad por la pandemia de coronavirus, ni con años
anteriores, cuando apenas se empleaba este servicio. Según los datos del informe
anual del Sistema Nacional de Salud del Ministerio de Sanidad, en 2019, el 96,5% de las consultas
médicas y de enfermería de Atención Primaria se realizaron en los centros
sanitarios (91,5% presencialmente y 4,9% a través de teleconsulta) y el 3,5% restante, en el
domicilio. En lo que respecta al año 2020, ya en plena embestida de la covid, se atendieron 243,5 millones
de consultas de atención primaria, de las cuales el 43,4% fueron a distancia. De 2019 a 2020, las teleconsultas
entre profesionales y pacientes aumentaron
en un 600%, pasando de 18 a 127 millones en todo el territorio, un
drástico aumento "promovido por la restricción de la movilidad y el
contacto social en la situación
pandémica", reza el informe.
Para José Polo, presidente de la Sociedad Española de Médicos de Atención
Primaria (Semergen) recuerda que la consulta telefónica se habilitó durante la
pandemia y cree que deben permanecer "en su justa medida": "Hay
cosas que sí se pueden solucionar por teléfono, preo creo que habrá que reestructurar bien los tramos
horarios y establecer qué debe ser consulta telefónica y qué no puede serlo,
pues la exploración física del paciente en la consulta y la anamnesis es
fundamental en medicina".
Por un lado, apunta como puntos a favor que "puede servir para
desaturar" y destaca su papel "a modo de triaje", pero lamenta
que "no se ha contratado más personal para atender exclusivamente
consultas telefónicas". De hecho, este médico del Centro de Salud de Cásar
de Cáceres incide en que "hay un problema muy grande de recursos humanos y
va en aumento. No se reponen las plazas descubiertas por jubilaciones, las
cuales se van elevando y faltan médicos".
“Hay un problema muy grande de recursos humanos y va en aumento. No se
reponen las plazas descubiertas por jubilaciones"
Para Ana Giménez, secretaria técnica de Atención
Primaria de la Confederación Estatal de Sindicatos Médicos (CESM), las
teleconsultas, que arrancaron "por necesidad imperiosa" de la covid-19, "se han quedado como una oferta permanente
para los pacientes" y augura que permanecerán "sobre todo para los trámites burocráticos", pues "obligar a las personas a presentarse en el
centro de salud era ridículo absolutamente e ineficiente en
todos los sentidos. Creo que han venido para quedarse", prevé.
Al igual que Polo, Giménez también habla de la función de triaje y descarga
de la Atención Primaria. "No olvidemos que está aplastada bajo el peso de
la burocracia", apunta. "Nosotros no estamos en contra de la consulta
telefónica en el ámbito de la Atención Primaria para procedimientos claramente reglados que no necesitan exploración
física, pero si durante la consulta al teléfono no se puede dar una
solución, se cambia de opción y se cita al paciente", agrega.
Desventajas
Entre las desventajas, la doctora menciona la "banalización del acto médico". En
este sentido, considera que la teleconsulta "aleja la confianza que se
establece en la relación médico-paciente, en la cercanía, el mirarse a la cara.
El paciente es mucho más dado a abrirse a los sanitarios cuando está en la
consulta en presencia del médico que al teléfono, además que muchas veces la
llamada les pilla en el supermercado o en momentos no tan propicios",
advierte.
Ambos sanitarios denuncian la carga de trabajo extra que supone la atención
mixta. "Es horrible. No solo has de ver al paciente que ya está citado,
también tienes en lista para llamar de 10-15 pacientes. Pero, a su vez, llega un paciente al centro y hay
que atenderle. Y, además, te pasan más llamadas y hay que
atenderlas con los pacientes allí... Genera un estrés enorme", adolece.
"Estamos saturados por la terrible presión asistencial sin límites,
hemos dejado en manos de la población el control de la demanda, como si se
hubiera convertido la atención primaria en una barra libre y la demanda es infinita e inasumible.
En una situación de infrafinanciación,
pocos profesionales y demanda infinita, los profesionales están física y
moralmente hundidos. Hay compañeros con entre 50 y 60 pacientes agendados que
lloran y toman ansiolíticos. Es invivible y va a acabar con la salud y la
vocación de los profesionales", lamenta.
Según la tercera oleada del Barómetro Sanitario del CIS, publicada la semana pasada y
realizada entre el 14 y el 18 de noviembre de este año con 2.500 personas
encuestadas, el 23,5% respondió que la última vez que había tenido una consulta
en la sanidad pública le habían atendido por teléfono, mientras que al 75% le
vieron en consulta. Preguntados por los últimos doce meses, el 67,4% respondió que había tenido una consulta por
teléfono. De estos, el 63,7% estaba de acuerdo o muy de acuerdo con que
la teleconsulta es más cómoda
para los sanitarios, mientras que el 46,8%
consideraba que es más cómoda para los pacientes. En cualquier caso, el 70,7%
se mostró algo, bastante o muy satisfecho con la atención telefónica, mientras
que para el 28,2% la experiencia fue poco o nada satisfactoria.
La situación en Pediatría
Las personas mayores "prefieren
la consulta presencial", entre otras razones, porque "muchas veces
presentan problemas de audición que
dificultan la comunicación telefónica", explica Giménez. Sin embagro, en
las agendas de las consultas para adultos, normalmente, hay antes
disponibilidad de cita telefónica que presencial. En cambio, las familias
con hijos e hijas menores
de 14 años (el límite de edad para atención
pediátrica), al menos en la Comunidad de
Madrid, obtienen antes una cita
presencial que telefónica.
Polo explica este aspecto: "Aunque al principio genera mucha demanda,
cada vez hay menos niños y en algunos sitios los pediatras tienen más facilidad
para ver al paciente pediátrico que a otros". Añade que entiende la
situación porque sostiene que las familias tienen ya cultura sanitaria de consulta
telefónica para resolver lo que
"muchas veces son dudas sobre temas que ya son
frecuentes". La demanda de la cita telefónica podría responder igualmente
a la voluntad de la familia de que el pequeño no falte al colegio.
Giménez también entiende la mayor disponibilidad de citas presenciales en Pediatría. Considera que es "normal" porque con los niños "hay pocos trámites que hacer: no hay bajas, raramente tiene medicación crónica... casi siempre precisa la valoración del pediatra porque de lo que dicen las familias a lo que los pediatras ven, muchas veces hay un abismo. Por eso, es lógico que las agendas de Pediatría estén conformadas con una priorización absoluta de la consulta presencial".
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