sábado, 25 de marzo de 2023

"EL VIACRUCIS SEMANAL DE LA SANIDAD PUBLICA ASTURIANA" - 441º Estación

 


La nueva terapia contra el cáncer en Asturias, 320.000 euros por cada paciente con respuesta favorable

Arranca el primer ensayo de inmunoterapia para enfermos graves de lupus con pacientes de varios países, entre ellos dos españoles

Unos 320.000 euros. Éste es el coste aproximado de cada tratamiento CAR-T, un tipo de terapia celular de última generación que ayer se estrenó en Asturias. Por el momento, se aplica en determinados tipos de tumores, pero empieza a ensayarse en otras patologías, como el lupus eritematoso.

Según los acuerdos vigentes, los servicios públicos de salud –en este caso el Sespa– abonan el precio del tratamiento en dos mitades: una en el momento en el que se infunden en el paciente sus propias células T, reforzadas mediante una modificación realizada en un laboratorio ultraespecializado; y la otra mitad al cabo de 18 meses, siempre que el enfermo esté vivo y que la terapia esté dando un determinado nivel de respuesta.

Se trata del denominado pago por resultados, procedimiento pactado entre el Ministerio de Sanidad y las empresas farmacéuticas que diseñan y suministran estas terapias avanzadas, cuyo fundamento consiste en potenciar el sistema inmunitario del propio paciente. Por eso son técnicas máximamente personalizadas.

Los cirujanos Rodrigo Gil e Iván González estrenaron la innovadora maquinaria: «Te sientes como si hubieses metido la cabeza dentro del abdomen del paciente»

Los cirujanos gijoneses Iván González y Rodrigo Gil se conocen desde los 15 años y bromean con que hay semanas en las que se ven más entre ellos que con sus mujeres. Trabajan codo con codo para el servicio de Urología del Hospital de Cabueñes y se reconocen como unos «frikis» de los avances técnicos del sector, en los que se han ido formando por su cuenta en los últimos años. Por eso, cuando el pasado viernes se pudo estrenar por fin el nuevo robot quirúrgico del centro, el nombre de los dos cirujanos que debían capitanear el procedimiento estaba ya claro. Porque para pilotar un «Da Vinci» se necesita una acreditación especial, como un carnet de conducir, y estos dos profesionales ya la tenían. Y también porque, tras tantos años operando juntos, la «pareja de baile quirúrgico» que dicen formar funciona ya casi sin tener que hablar en alto.

«Si escucho un carraspeo ya sé que estoy haciendo algo que no le gusta», bromea Gil. Su estreno con el robot fue con una prostatectomía, una extirpación de próstata por un cáncer, que se saldó sin incidencias y con el paciente dado de alta a las 24 horas. «Es ilusionante poder sacar adelante un proyecto así en el hospital en el que naciste», se felicita González. Los dos médicos tienen 44 años, se formaron en la ciudad y trabajan de forma estable en Cabueñes desde hace una década. Ambos llevaban años formándose en técnicas de laparoscopia –que permite operar a través de cámaras y con incisiones muy pequeñas, evitando las cirugías abiertas– y, más recientemente, en las operaciones con robots. «Lo hicimos por nuestra cuenta porque sabíamos que en algún momento esto iba a pasar», explica Gil. Los cirujanos, aunque siempre en tono amistoso, acabaron «picándose» para ver quién conseguía más horas de simulación con estos robots y con los mejores resultados, y ambos lograron la acreditación esperada antes de que el robot llegase al hospital público. Cuando lo hizo, y sabiendo que el estreno de estos aparatos suelen hacerse siempre con prostatectomías, el tándem de González y Gil era el más preparado.

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