Mientras se permita que los responsables
de servicios e instituciones sanitarias públicas tengan intereses en la sanidad
privada... no habrá descenso en las listas de espera.
Es un conflicto de intereses tan
evidente que es impensable en cualquier otro sector.
La sanidad, cuestionada. Porque hoy, y
desde hace algunos años, ése es el debate y la situación que está en la calle,
en los medios de comunicación, en los Juzgados y en el dolor de muchas
familias.
En definitiva, una sanidad en cuestión.
Pero ciñámonos a los hechos, a las
causas y a los silencios cómplices de quienes tienen la responsabilidad
“hipocrática” de velar por que esta situación se revierta.
Huérfana ésta de una dirección
profesionalizada, ha caído irremediablemente en las manos de unos “padres
adoptivos” que no son otros que los políticos, y éstos no se rigen por ningún
juramento hipocrático, sino que lo hacen por una mera dependencia del partido
de turno y de unos resultados electorales.
Lo demás, es decir, sus efectos, corre a
cargo del enfermo, que a su vez tiene que ser el paciente de los desmanes
políticos.
Los hechos son los que un día sí y otro
también salen a la luz pública, errores médicos que acarrean desenlaces
fatales, colapsos en la atención primaria, secundaria y hospitalización,
políticas de prevención que no funcionan, listas de espera desesperantes, valga
la expresión, gastos añadidos a los asegurados, que se ven obligados a buscar
otras fuentes de diagnóstico y tratamiento alternativas, un descendiente
prestigio de la sanidad a todos los niveles y una pésima gestión
económico-administrativa y de personal que hacen un “totum revolutum” con el
resultado que ahora padecemos.
Referido a los silencios, aunque sea
someramente, a los hechos, pasando de puntillas sobre ellos, las causas son
obvias, no existe una organización médico-sanitaria que merezca la pena. Y lo
que sí existe, sin que se merezca, son unos políticos metidos a médicos que sin
ser responsables ante la justicia de sus actos arrastran a los profesionales a
ser ellos quienes se enfrenten a sus propios errores, eso es cierto, pero que
son motivados en su mayoría por una ineficaz administración y por la falta de
un organismo con mayúsculas que marque las pautas de la profesión sanitaria y
no se sacuda su responsabilidad en el consejero de turno.
Entre medias, entre incapaces e
irresponsables, queda atrapado el usuario. Ése del que tantas organizaciones
hablan, el mismo al que se le cita para que participe en todos esos inútiles
organismos, creados en nombre de, no sé qué democracia representativa, con la
coletilla de usuarios y consumidores, pero que terminan siendo usados y
consumidos.
Si ante esto nadie se pone colorado, si después de
esto nadie sale a denunciarlo y si después de todo esto nadie se hace
responsable, sólo queda una solución, devolver las competencias en sanidad al
Gobierno de España para que deje de seguir estando en riesgo nuestra salud y
nuestra vida.
No se olviden que...
"Si no luchamos juntos, nos van a matar por separado"
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