España es el país donde más se venden estos hipnosedantes, un dato que pone en alerta a los expertos
Las
benzodiacepinas son uno de los fármacos más consumidos en España. La Junta
Internacional de Fiscalización de Estupefacientes (JIFE) estima que en 2020 se
consumieron en el país unas 110 dosis de este hipnosedante por cada mil
habitantes. Solo Bélgica (84 dosis diarias) y Portugal (80) se acercan a estas
cifras de España, de las que quedan lejísimos, por ejemplo, países
geográficamente cercanos como Alemania (0,04 dosis diarias).
Estos datos, mucho más elevados
que en otros países de nuestro entorno, ponen en alerta a los médicos. Ya en
2006 la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS) avisaba
de que mayor parte de los adultos ha consumido de forma esporádica, o consume
habitualmente benzodiacepinas para el tratamiento de múltiples problemas.
Entonces, el organismo dependiente del Ministerio de Sanidad alertaba de que
«son fármacos sobre los que se tiene una gran experiencia en tiempo y amplitud
de uso y sobre los que se conoce bien su perfil de riesgo».
Las benzodiacepinas
son medicamentos del grupo de los hipnosedantes que se dispensan con receta
médica. En ocasiones los médicos las recomiendan para dormir gracias a su
efecto ansiolítico, hipnótico y relajante muscular. Pero este fármaco también
se como tratamiento para la abstinencia al alcohol y otras drogas, como
anticonvulsivantes, en la espasticidad o en el tratamiento de espasmos
musculares inespecíficos; en la sedación prequirúrgica, en el tratamiento de
algunos tipos de nauseas y vómitos cefaleas tensionales o temblores.
Sea por el motivo que
sea, la encuesta Edades 2022, resalta que casi el 10% de los españoles
encuestados consumieron hipnosedantes en los últimos 30 días previos a
responder a este sondeo. El 7,2% aseguró consumirlos a diario.
Esta medicalización de
la vida, prosigue, ha provocado que muchas circunstancias que no son
patológicas, sino situaciones vitales o de la vida cotidiana que son
etiquetadas erróneamente como trastornos de ansiedad o insomnio, acaben siendo
tratadas con psicofármacos «en vez de recurrir a una intervención no
farmacológica como la educación sanitaria o alguna intervención psicológica, lo
que supone una práctica errónea y con potencial iatrogénico.
Efectos adversos de las benzodiacepinas
·
Alteraciones del comportamiento y la conducta
·
Intranquilidad
·
Agitación
·
Irritabilidad
·
Agresividad Delirios
·
Ataques de ira
·
Pesadillas
·
Alucinaciones
·
Psicosis
·
Somnolencia
·
Embotamiento afectivo
·
Reducción del estado de alerta
·
Confusión
·
Fatiga
·
Cefalea
·
Mareo
·
Debilidad muscular
·
Ataxia
·
Diplopia
·
Alteraciones gastrointestinales
·
Cambios en la líbido
·
Reacciones cutáneas
·
Tolerancia y dependencia a largo plazo
·
Disminución de la respuesta del organismo a la falta de oxígeno en sangre
cuando ocurren apneas
En ese sentido, la
psiquiatra ha recordado que las guías clínicas «son claras en este punto» e
indican las benzodiacepinas, en salud mental, para el tratamiento sintomático y
temporal de los trastornos de ansiedad y el insomnio como trastorno del sueño
que acompaña a otro trastorno psiquiátrico como puede ser la depresión.
«Es importante señalar
que las benzodiacepinas no deberían ser el tratamiento de primera elección en
estos casos, sino un tratamiento alternativo para casos concretos. En cualquier
caso, al abordaje de un cuadro clínico y a la prescripción de benzodiacepinas
le debe preceder un correcto diagnóstico y su uso, en cualquiera de las
situaciones, debería ser a corto plazo», ha avisado la experta.
Dicho esto, ha
recordado los efectos adversos de estos fármacos, entre ellos la tolerancia, la
dependencia a largo plazo y otros efectos debidos a su uso prolongado como los
accidentes de tráfico, domésticos o laborales, así como otras alteraciones del
comportamiento y la conducta.
Según Florido,
la mayoría de los hipnosedantes consumidos en España son prescritos por
médicos, lo que complica abordar su control, a diferencia de lo que pasa con
otras sustancias ilegales. En ese sentido, la psiquiatra ha destacado la
importancia de que los médicos realicen su trabajo conforme a la
responsabilidad que conlleva, tanto profesional como ética.
En relación a la responsabilidad médica, Florido ha hablado de la importancia del consentimiento informado. «Probablemente no estamos informando correctamente a los pacientes, aunque las directrices las tenemos claras, tanto por el conocimiento científico como por los mandatos legales y normas éticas, no siempre ajustamos la práctica clínica», ha zanjado.
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