Algunas
veces se hace inevitable hablar de ciertos asuntos, aunque el contenido de la
denuncia de hoy afecte a quien yo tantas veces defiendo, que no son otros que los
profesionales de nuestra sanidad pública. No tanto a los buenos profesionales,
como a esos otros que fueron empujados
por nota en la selectividad, la cual les permite acceder a medicina,
aunque desconocen la palabra vocación, y claro después pasa lo que pasa.
Coloquialmente se suele decir que de todo
tenemos en la viña del señor. No es menos cierto que son pocos, además suelen
pasar desapercibidos para la mayoría de los usuarios, pero cuando te tropiezas
de frente con uno de ellos, se hace inevitable que dadas las circunstancias se nos
quede grabada la experiencia para mucho tiempo, o quizás para toda la vida.
El pasado
fin de semana, a raíz de la carta aparecida hace unos días en LNE, titulada “la
tozudez del Sespa”, una antigua compañera de estudios vino a verme sorprendida
por el contenido de la susodicha, aprovechando para contarme su reciente y desagradable
experiencia en las urgencias del HUCA. Desgraciadamente sus padres son ya muy
mayores, y desgraciadamente necesitan con demasiada frecuencia acudir al médico.
Hace ya algunos meses se vio en la necesidad de recalar en las urgencias del
HUCA con su madre, y quien la atendió, digamos que es poseedor de muy poca sensibilidad,
pero además el día de autos, no debía de ser el mejor día de su vida.
Según me
conto mi amiga, el galeno que la atendió, al cual apodó “el ruso”, consideró
que dada la edad de la paciente, no merecía la pena dedicarle unos minutos para
mirar el motivo de su dolencia. Argumentando más o menos, que a la paciente le
quedaban cuatro telediarios, al tiempo que advertía a su hija, que se lo tendría
que comunicar a la paciente. La actitud que toma la hija se la pueden imaginar,
así como la deriva de la conversación con el galeno. La cosa debía de ser tan irrelevante,
o quizás estaba tan clara para el galeno, que la hija tras plantarse y exigir
que la atendiera otro médico en tiempo y forma, ya que se quejaba de fuerte
dolores, costo lo suyo, pero al final fue atendida. Horas después deciden
ingresarla, falleciendo a los pocos días. Quizás el diagnostico fuera el
acertado, pero no las formas, las cuales dejaron mucho que desear, al menos de lo que
se espera por parte de un profesional.
Ya
comente antes que sus padres eran mayores, así que poco tiempo después su padre
sufre una caída a sus casi 90 años, y debe de acudir de nuevo a las urgencias
del HUCA. Cual será la sorpresa, que el primer
galeno que entra en el box es el que ella apodó “el ruso”. Conocedor seguramente que en la
anterior ocasión su presencia no paso desapercibida, y más con lo acontecido posteriormente con su
madre, habiéndole seguramente quedada gravada su cara, la actitud y trato con
ella y su padre fueron bien distintos. No voy a decir que se desviviera, pero
si atendió al paciente como dios manda, ya que no solo es su obligación, es que
además le va incluido en el sueldo, que dicho sea de paso le pagamos entre todos
los asturianos.
A modo
de resumen, decir que mi amiga no solo se enfrento quien ella apoda “el ruso”,
si no que en cuantos que pudo, fue a atención al paciente y presento la pertinente
queja. Pues aquel médico de tan infausto recuerdo en su primera visita, se
había negado a identificarse cuando ello se lo pidió, teniendo entonces que
recurrir a una de las enfermeras, la cual le advirtió que no dijera quien le había
facilitado el nombre.
Y es
que en nuestra sanidad, mientras que no perdamos el miedo a denunciar, cosa de
la que se aprovechan algunos, estos van a continuar campando a sus anchas, haciendo de su capa un sallo, seguramente que
convencidos de que pueden ponerse el mundo por montera. Pero además, seguirán aprovechándose
de las personas indefensas, las cuales se vuelven fácilmente vulnerables en
determinadas circunstancias, al verse totalmente desprotegidas.
Por eso
que yo una vez más invito a denunciar los abusos y la mala praxis si la hubiera.
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Un parto con grave riesgo para el bebé
en el HUCA
Isabel Blanco González – Oviedo
Quiero desde
aquí denunciar una actuación del mencionado servicio, que parece regido básicamente
por cifras estadísticas que de no cumplirse puede repercutir negativamente en
su productividad, sin importar mucho el sufrimiento de la paciente y poniendo
en grave riesgo la vida de un bebé.
No me parece
de recibo que tengan a una parturienta intentando dilatar casi 48 horas. El
parto fue inducido y no progresaba; sin embargo le rompen la bolsa amniótica y
la dejan así unas 16 horas, intentando un parto natural.
Durante este
tiempo la madre llega a tener fiebre, vómitos y pasa lo indecible, mientras que
los ginecólogos siguen en su obstinación, con el consiguiente peligro para el bebé
que, finalmente, nace por cesárea de urgencias
y bañado totalmente en meconio, tragando bastante cantidad.
El niño
debido a esto no puede hacer el “piel con piel”, ya que tienen que aspirarle y
pasa directamente a Neonatología, donde queda ingresado.
Por todo lo
anteriormente expuesto, queda patente una actuación negligente que nos ha
originado perjuicios importantes.
Espero que
este escrito sirva para cambiar actitudes y, sobre todo, para concienciar a
algunos mal llamados “profesionales” de que lo más importante a tener en
cuenta, siempre, es el paciente.

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