Hoy que por fin está lloviendo, viene a mi memoria aquellas visitas acompañando a un paciente al HUCA del Cristo. Paciente que mientras mantuvo la total movilidad, no necesito utilizar la puerta posterior de consultas. Cuando la enfermedad le fue mermando la movilidad, fueron decenas de veces las que recurrimos a la entrada de consultas, donde el coche lo dejaba en la misma puerta. Aquella entrada disponía de una pequeña visera, la cual permitía estacionar el coche, y que los pacientes los días de lluvia no se mojaran. Cuando la situación obligó a tener que utilizar una silla de ruedas para desplazarlo, aquella misma visera permitía que el paciente, al cual había que bajar con cuidado del coche, lo hiciera con tranquilidad, si miedo a resbalar en el suelo mojado, y sobre doto, evitaba que este se mojara.
Ahora que
estamos pidiendo cosas, cuando no exigiéndolas, es hora de reivindicar ante GISPASA,
que cumpla con los criterios de calidad y racionalidad que como gestores del
HUCA tienen la obligación de mantener. Por eso quiero volver a incidir en una
situación, que un día normal es ya de por si una odisea, para cuanto más, esos días
desapacibles y con lluvia que tenemos en nuestra tierra.
Los
pacientes impedidos o con movilidad reducida que acuden a diario a las
Consultas del HUCA, deben de sortear una serie de peripecias, que no vienen más
que a dejar de manifiesto, que quien diseño el complejo hospitalario de La
Cadellada, lo hizo más pensando en la mayor gloria de algunos políticos, que en
la comodidad de los futuros usuarios de esas instalaciones.
En primer
lugar se olvidaron de reservar un espacio donde los profesionales del taxi
pudieran ejercer dicha actividad con total seguridad para ellos, y para los usuarios del servicio. Y no será por falta de un espacio donde poder
reubicarlos, pues si hablamos de espacios infrautilizados, el mejor ejemplo que
se puede encontrar en Asturias hoy por hoy, es el complejo de La Cadellada.
Cuando el
paciente se encuentra en buenas condiciones físicas para caminar, el problema
se minimiza. No obstante alguien debería de haber tenido en cuenta, que se
pudiera acceder directamente desde el
parking a la zona de consultas, pero se les paso por alto. Lo más cómodo es
dirigirse al parking, donde se puede dejar el vehículo a buen recaudo, evitando
al menos de que te multen. Aunque al
salir del mismo, el paso de peatones
situado a la entrada de Consultas, seguramente que terminara por dar un susto
grave en cualquier momento.
El mayor problema
surge cuando el paciente tiene la movilidad reducida o está impedido. Situación
esta que ya de por sí obliga a que con el mismo acudan dos personas. La primera
debe de bajarse del vehículo, y caminar hasta la entrar de consultas, para
coger una silla donde para poder desplazar al paciente. Mientras que la segunda
se queda dentro del coche, ya que este debe de permanecer parado donde puede, o
le dejan. Eso sí, el conductor tiene que mirar a derecha e izquierda, pues la afluencia de vehículos en ciertas horas
del día, puede propiciar situaciones de mayor o menor.
A día de
hoy GISPASA es incapaz de poner solución a esta situación. Y esto ocurre cuando
ya van transcurridos más de tres años de la puesta en funcionamiento del macro
complejo hospitalario. La situación que se vive en esa zona de Consultas, no es
algo que acontece a una hora muy concreta del día. Desde las 8 de la mañana,
hasta bien entrada la tarde, el ritmo de circulación no cesa. Si bien durante la
tarde, la circulación es mucho menor.
La reorganización
que precisa la zona de Consultas en cuanto al tráfico rodado, y de igual modo con relación al aparcamiento
de los taxis, es de extrema necesidad, y no debería de demorarse mucho más. Los
pacientes con movilidad reducida, al igual que el resto, cuando las condiciones
climatológicas son adversas, deben de poder acercarse en coche lo más posible a
la puerta de entrada. Es solo cuestión de rediseñar los espacios, pues
superficie infrautilizada tienen para dar y tomar. Solo hace falta voluntad por
parte de GISPASA. Si no recuerden la obra acometida en la sala de espera de
Oncología Médica, era cuestión de lógica, pero también de espacios
infrautilizados.

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